El CENAC para cultura

Saturday, July 01, 2006

Arias y la cultura

El presidente Óscar Arias es un hombre culto, aficionado y conocedor de las artes
Mario Madrigal

Fue Guido Sáenz quien, al iniciar su primer período como ministro de Cultura, me llamó para pedirme que aceptara un nombramiento como miembro de la Junta Directiva de la Compañía Nacional de Teatro. Le contesté que le agradecía la oferta, pero que entonces no tenía tiempo y me convenció al decirme que se trataría de solo unos minutos una vez al mes. Los minutos se volvieron horas y luego días, muchos, cuando me involucré en ese fascinante mundo que es el teatro. Y durante más de 20 años, con algunas interrupciones, fui parte del quehacer teatral.
El ministro de Cultura es, por ley, el presidente de la Junta Directiva de la Compañía, pero casi todos enviaban un representante a las reuniones con dos excepciones: Guido Sáenz y Aida Faingezicht, quienes nunca faltaban a una de estas sesiones, excepto por un motivo de fuerza mayor. Para los estrenos siempre se invitaba a los altos funcionarios del Gobierno incluyendo, naturalmente, al presidente de la República, pero, de nuevo, casi ninguno asistía en forma regular excepto uno: Óscar Arias. Al terminar su gobierno, lo seguí viendo en varias actividades culturales y son muchas las veces que hemos coincidido en una función teatral o un concierto en el Teatro Nacional e, incluso, hemos conversado sobre temas artísticos, a veces con la presencia agradable de Mimi Prado.
Lugar sagrado. Por todos estos motivos, pienso que nuestro actual Presidente es un hombre culto, aficionado y conocedor de las artes. Me cuesta mucho, entonces, comprender por qué ha seguido con la absurda idea de trasladar la Casa Presidencial a las instalaciones del Cenac. No entro a juzgar, porque no es mi campo, la conveniencia o no de gastar, en momentos de crisis fiscal y ante tantas necesidades que existen el país -la miseria extrema, la delincuencia, el abandono de las aulas para llevar un poco de sustento a sus hogares, el desempleo, la prostitución por hambre, etc.- una suma muy alta, muchos millones, en una obra que puede ser necesaria pero que no es imprescindible. Lo que objeto es haber escogido un lugar que debiera ser respetado, protegido, como si se tratara de un lugar sagrado.
Cuando se inició el proyecto para convertir la antigua Fábrica de Licores en un centro para las artes, me tocó visitar las instalaciones en varias ocasiones con Aida o con el entonces director de la Compañía, Luis Fernando Gómez, y en las viejas paredes, algunas manchadas de miel y de licores, en las cuales el musgo era testigo del pasar del tiempo, se crearon las bases para lo que luego sería teatro o escuela para la creación artística.
La gestora. Aida fue el motor principal de ese esfuerzo y soy testigo de sus muchos sacrificios para obtener aportes, no solo del Estado sino de las empresas privadas. "No me importa que me digan pedigüeña o quizás cosas peores" -me dijo una tarde que se veía especialmente cansada-. "Lo que pido no es para mí, sino para Costa Rica".
El Cenac es mucho más que un teatro. Si se visita de día o de noche, siempre se encuentra uno con múltiples actividades artísticas: conciertos, danzas, conferencias, lecciones, ensayos y la presentación al público del esfuerzo conjunto de muchos artistas. Es el refugio de grupos independientes. Tiene un museo, varios teatros y un anfiteatro que sirvió y servirá en el futuro para presentar el Teatro al Aire Libre, cuando se vayan las lluvias y lleguen las noches claras y el frío.
Tengo esperanzas de que el Presidente, de quien tengo el más alto concepto como estadista y hombre culto, recapacite y no destruya lo que costó tanto construir.

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